El EU AI Act (Reglamento de IA de la UE) es el primer marco horizontal europeo que regula la inteligencia artificial con un enfoque basado en el riesgo. No impone las mismas obligaciones a todo el mundo: lo que debe hacer una empresa depende de su rol (proveedor o implementador), del caso de uso y del nivel de riesgo del sistema. Importa porque desde agosto de 2026 llegan obligaciones de transparencia de cara al usuario y porque las sanciones alcanzan cifras muy altas.
Muchas empresas ya usan inteligencia artificial sin haberlo formalizado: asistentes de texto, clasificadores, chatbots de atención, herramientas de generación de imágenes o modelos integrados en productos de terceros. El EU AI Act pone reglas a ese uso, pero no como una lista única e idéntica para todos. Este artículo explica qué es el reglamento, cómo funciona su clasificación por niveles de riesgo, cuál es el calendario real de aplicación (incluida la matización de 2026) y qué pasos concretos puede dar una organización para prepararse.
Lo esencial sobre el EU AI Act
- Es el Reglamento (UE) 2024/1689, primer marco horizontal de la UE para la inteligencia artificial.
- Clasifica los sistemas en cuatro niveles: riesgo inaceptable (prohibido), alto, limitado y mínimo, con un régimen propio para los modelos de propósito general (GPAI).
- Las prohibiciones se aplican desde febrero de 2025 y las obligaciones de los proveedores de GPAI desde agosto de 2025.
- El 2 de agosto de 2026 llegan las obligaciones de transparencia del artículo 50 y los poderes de supervisión de la Comisión sobre los GPAI.
- Las sanciones alcanzan hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial anual en el caso de las prácticas prohibidas.
- Lo que debe hacer cada empresa depende del rol, el caso de uso y el nivel de riesgo, no es una obligación universal idéntica.
Qué es el EU AI Act
El EU AI Act es el Reglamento (UE) 2024/1689, el primer marco horizontal de la Unión Europea dedicado a la inteligencia artificial. Horizontal significa que no regula un sector concreto (como la sanidad o la banca), sino que cubre la IA de forma transversal, con reglas que aplican según lo que hace el sistema y el riesgo que genera, no según la industria en la que se use.
Su lógica central es un enfoque basado en el riesgo. En lugar de tratar toda la inteligencia artificial por igual, el reglamento gradúa las obligaciones: cuanto mayor es el riesgo que un sistema plantea para la salud, la seguridad o los derechos fundamentales, más estrictas son las exigencias. Esa gradación se organiza en cuatro niveles, más un régimen específico para los modelos de propósito general.
Por qué un marco horizontal basado en el riesgo
La ventaja del enfoque por riesgo es que evita ahogar en burocracia usos triviales de la IA (un filtro de spam, un recomendador de productos) mientras concentra los controles en los casos donde un error puede tener consecuencias graves para las personas. Para una empresa, esto tiene una implicación práctica muy clara: antes de "cumplir el AI Act" hay que saber en qué nivel cae cada sistema, porque de ahí depende todo lo demás.
Los cuatro niveles de riesgo
El reglamento distingue cuatro categorías de riesgo, y cada una lleva asociado un conjunto distinto de obligaciones.
Riesgo inaceptable: prácticas prohibidas
En el nivel más alto están las prácticas de IA consideradas de riesgo inaceptable, que quedan directamente prohibidas. Son usos que se consideran incompatibles con los derechos fundamentales o con los valores de la Unión. Para las empresas, la regla aquí es sencilla: estos usos no se permiten, no hay obligaciones que cumplir porque el sistema simplemente no puede desplegarse.
Alto riesgo: obligaciones estrictas
Los sistemas de alto riesgo son aquellos que pueden afectar de forma significativa a la seguridad o a los derechos de las personas. No están prohibidos, pero se les exige un conjunto amplio de obligaciones: gestión de riesgos a lo largo del ciclo de vida, gobernanza de los datos usados para entrenar y evaluar el modelo, documentación técnica, supervisión humana efectiva y robustez del sistema. Es la capa donde el coste de cumplimiento es más alto y donde conviene planificar con antelación.
Riesgo limitado: obligaciones de transparencia
En el nivel de riesgo limitado, la exigencia principal es la transparencia (artículo 50). Conviene entenderla bien: el artículo 50 no impone un único aviso visible idéntico para todo contenido generado por IA. Sus obligaciones dependen del rol (proveedor o implementador) y del supuesto concreto cubierto, y cada supuesto tiene su propia forma de cumplirse. Por ejemplo, avisar a la persona cuando interactúa con un chatbot (obligación del proveedor del sistema), marcar de forma legible por máquina el contenido sintético que genera un sistema (también del lado del proveedor) o señalar cuando un implementador difunde un deepfake o un texto de interés público generado o manipulado por IA. No todo uso de IA cae en el artículo 50 ni todos exigen exactamente el mismo aviso: el requisito concreto depende de quién eres en la cadena y del supuesto en el que te encuentras.
Riesgo mínimo: sin obligaciones adicionales
La gran mayoría de los usos cotidianos de la IA caen en el riesgo mínimo, que no acarrea obligaciones adicionales bajo el reglamento. Filtros, recomendadores o utilidades internas suelen situarse en este nivel. Esto no significa que estén exentos de otras normas (protección de datos, seguridad, propiedad intelectual), sino que el AI Act no añade requisitos específicos por encima.
Los modelos de propósito general (GPAI)
Además de los cuatro niveles, el reglamento crea un régimen propio para los modelos de propósito general (GPAI), es decir, modelos que no están diseñados para una única tarea sino que sirven de base para muchas aplicaciones distintas (por ejemplo, los grandes modelos de lenguaje). Estos modelos tienen obligaciones específicas para sus proveedores, diferenciadas del régimen de los sistemas de alto riesgo.
Para una empresa que no entrena sus propios modelos pero sí los integra, este punto es relevante: aunque el peso regulatorio del GPAI recae sobre el proveedor del modelo, quien lo incorpora en un producto o servicio debe entender qué garantías recibe y cómo encaja ese componente en su propia clasificación de riesgo. Si trabajas con asistentes conversacionales, conviene revisar también los riesgos de seguridad de ChatGPT en empresas y los patrones de amenaza recogidos en el OWASP Top 10 para LLM.
Calendario de aplicación
El EU AI Act no entra en vigor de golpe. Sus obligaciones se escalonan en el tiempo, y ese calendario es una de las cosas que más confusión genera. Conviene atribuir cada hito a su fecha con precisión.
Hitos ya vigentes
Las prohibiciones (las prácticas de riesgo inaceptable) se aplican desde el 2 de febrero de 2025. Las obligaciones de los proveedores de modelos de propósito general se aplican desde el 2 de agosto de 2025. Es decir, cuando llega agosto de 2026 ya hay dos capas del reglamento en funcionamiento.
Agosto de 2026: transparencia y supervisión de GPAI
El 2 de agosto de 2026 entran en aplicación las obligaciones de transparencia del artículo 50. No son un único aviso universal, sino un conjunto de deberes que dependen del rol y del supuesto: avisar de la interacción con un chatbot, marcar el contenido sintético que genera un sistema o señalar deepfakes y ciertos textos de interés público generados o manipulados por IA. Cada supuesto recae sobre el proveedor o sobre el implementador según el caso. En esa misma fecha, la Comisión Europea adquiere poderes de supervisión y sanción sobre los modelos de propósito general. Estas obligaciones de cara al usuario son las que muchas empresas notarán primero, porque afectan directamente a productos y comunicaciones que ya están en el mercado.
Modelos GPAI anteriores y matización de 2026
Los proveedores de GPAI que lanzaron sus modelos antes del 2 de agosto de 2025 disponen de plazo hasta el 2 de agosto de 2027 para cumplir. Y hay una matización de actualidad importante: el 16 de junio de 2026, el Parlamento Europeo aprobó el paquete "Digital Omnibus", que aplazó las obligaciones de alto riesgo entre 12 y 16 meses. Este aplazamiento no elimina esas obligaciones ni afecta a las demás capas: solo retrasa la entrada en aplicación del alto riesgo. Las obligaciones de transparencia de cara al usuario sí llegan en agosto de 2026 como estaba previsto.
En otras palabras: si tu preocupación es un sistema de alto riesgo, ganas margen; si tu preocupación es avisar de que un contenido es generado por IA o de que el usuario habla con un bot, el plazo no se ha movido.
Sanciones
El régimen sancionador del reglamento es escalonado, en línea con la lógica de riesgo. Para las prácticas prohibidas, las multas alcanzan hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial anual total, la cifra que sea mayor. Para el incumplimiento de otras obligaciones, hasta 15 millones de euros o el 3%. Y para el suministro de información incorrecta a las autoridades, hasta 7,5 millones de euros o el 1%.
Estas cuantías, comparables a las de otros grandes marcos europeos, explican por qué el AI Act se ha situado rápidamente en la agenda de dirección y no solo en la de los equipos técnicos. El coste de una clasificación errónea o de un incumplimiento no es marginal.
Qué deben hacer las empresas
La pregunta práctica no es "¿cumplimos el AI Act?" en abstracto, sino "¿qué nos aplica y qué tenemos que hacer?". El primer paso es siempre inventariar.
Inventariar los sistemas y usos de IA
Muchas organizaciones no saben cuánta inteligencia artificial usan realmente. Modelos integrados en herramientas SaaS, extensiones, asistentes personales del equipo o prototipos internos suelen quedar fuera del radar. Ese uso no gobernado, la llamada shadow AI, es el primer obstáculo para cualquier cumplimiento serio: no se puede clasificar lo que no se conoce. Un inventario honesto de sistemas y casos de uso es el punto de partida.
Determinar el rol y el nivel de riesgo
Para cada sistema hay que responder dos preguntas. Primera: ¿cuál es nuestro rol? El reglamento distingue, entre otros, al proveedor (quien desarrolla o pone en el mercado el sistema) del implementador (quien lo usa bajo su propia autoridad), y las obligaciones difieren según ese rol. Segunda: ¿en qué nivel de riesgo cae? De la combinación de rol y nivel de riesgo se deriva la lista concreta de obligaciones. Este es el punto donde más se equivocan las empresas al asumir que "todos hacen lo mismo".
Cumplir transparencia, gobernanza de datos y supervisión humana
Donde aplique, hay que ejecutar las obligaciones correspondientes: transparencia de cara al usuario (avisos de IA, marcado de contenido generado, identificación de chatbots), gobernanza de los datos que alimentan los modelos, documentación y supervisión humana efectiva. La gobernanza de datos conecta directamente con la disciplina de conocer y proteger dónde vive la información sensible, algo que abordamos en la guía de DSPM (Data Security Posture Management).
Apoyarse en marcos voluntarios
Existen marcos que ayudan a estructurar la gobernanza de la IA, como la norma ISO/IEC 42001 (sistema de gestión de la IA) o el NIST AI RMF (marco de gestión de riesgos de IA). Son voluntarios y útiles para ordenar procesos, pero conviene tener claro un matiz: adoptarlos no demuestra por sí solo el cumplimiento del AI Act. Sirven de andamiaje, no de certificado de conformidad.
Cómo encaja el AI Act con otras normas
El EU AI Act no vive aislado. Convive con otros marcos europeos que una empresa probablemente ya esté afrontando, y entenderlos juntos evita duplicar esfuerzos. La directiva NIS2 impone obligaciones de ciberseguridad a sectores esenciales e importantes; el Cyber Resilience Act (CRA) fija requisitos de seguridad para productos con elementos digitales; y DORA regula la resiliencia operativa digital en el sector financiero. Un sistema de IA de alto riesgo integrado en un producto conectado puede tocar varios de estos marcos a la vez, por lo que la gobernanza de la IA gana mucho si se coordina con la gobernanza de ciberseguridad y de datos ya existente.
Preguntas frecuentes
¿A quién se aplica el EU AI Act?
Se aplica a quienes desarrollan, ponen en el mercado o usan sistemas de inteligencia artificial que afectan al mercado de la Unión, con obligaciones que varían según el rol (proveedor o implementador), el caso de uso y el nivel de riesgo. No es una obligación universal idéntica para todos: depende de esa combinación.
¿Qué cambia el 2 de agosto de 2026?
Entran en aplicación las obligaciones de transparencia del artículo 50 y los poderes de supervisión y sanción de la Comisión sobre los modelos de propósito general. El artículo 50 no es un aviso único idéntico para todo contenido de IA: agrupa varios supuestos (avisar de la interacción con un chatbot, marcar el contenido sintético, señalar deepfakes y ciertos textos de interés público) y cada uno recae sobre el proveedor o sobre el implementador según el caso. Son las obligaciones de cara al usuario que muchas empresas notarán primero.
¿Se han aplazado todas las obligaciones del reglamento?
No. El 16 de junio de 2026, el Parlamento Europeo aprobó el paquete "Digital Omnibus", que aplazó las obligaciones de alto riesgo entre 12 y 16 meses. Ese aplazamiento afecta solo a la capa de alto riesgo y no la elimina. Las obligaciones de transparencia de cara al usuario sí llegan en agosto de 2026.
¿Cuáles son las sanciones máximas?
Hasta 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial anual para las prácticas prohibidas; hasta 15 millones o el 3% para el incumplimiento de otras obligaciones; y hasta 7,5 millones o el 1% por suministrar información incorrecta a las autoridades.
¿Basta con certificarme en ISO/IEC 42001 o adoptar el NIST AI RMF?
No. Marcos como ISO/IEC 42001 o el NIST AI RMF son voluntarios y muy útiles para estructurar la gobernanza de la IA, pero adoptarlos no demuestra por sí solo el cumplimiento del AI Act. Ayudan a organizar el trabajo, no sustituyen el análisis de rol y riesgo que exige el reglamento.
¿Por dónde empiezo si aún no he hecho nada?
Empieza por inventariar tus sistemas y usos de IA (incluida la shadow AI), determina para cada uno tu rol y su nivel de riesgo, y a partir de ahí construye la lista concreta de obligaciones. Sin ese inventario y esa clasificación, cualquier plan de cumplimiento se apoya en el aire.
Recursos relacionados
- Shadow AI: riesgos y gobernanza en la empresa
- Seguridad de ChatGPT en empresas: riesgos 2026
- OWASP Top 10 para LLM explicado
- Qué es DSPM (Data Security Posture Management)
- Cyber Resilience Act (CRA): qué es
- Directiva NIS2: aplicación y multas
- DORA: guía de cumplimiento para empresas 2026
Prepara tu gobernanza de IA con Secra
En Secra somos una empresa de ciberseguridad ofensiva con programa propio de investigación de vulnerabilidades, con CVE publicados en NVD e INCIBE-CERT (CVE-2025-40652 en CoverManager y CVE-2023-3512 en Setelsa ConacWin CB). Esa mirada de atacante nos permite ayudarte a inventariar tus sistemas de IA, entender tu exposición real y ordenar la gobernanza antes de que las obligaciones aprieten. Si quieres una revisión adaptada a tu caso de uso y nivel de riesgo, ponte en contacto con nosotros.
Sobre el autor
Equipo de Secra Solutions
Ethical hackers certificados OSCP, OSEP, OSWE, CRTO, CRTL y CARTE, con más de 7 años de experiencia en ciberseguridad ofensiva. Autores de los CVE-2025-40652 y CVE-2023-3512.

